Todos necesitamos cierto nivel de estrés para movilizar nuestros esfuerzos para enfrentar los problemas o demandas habituales, siendo una respuesta natural a las exigencias de la vida. El estrés es un mecanismo de supervivencia que en determinadas situaciones funciona de forma útil y oportuna, sin embargo, si se prolonga en el tiempo se puede convertir en un enemigo, afectando al cuerpo, la mente y el comportamiento.

Este “estrés negativo” afecta al rendimiento (a pesar del esfuerzo no cunde el trabajo o resulta difícil la concentración), la salud física (dolores de cabeza, agotamiento, dolencias musculares que se convierten en contracturas) o psíquica (irritabilidad, tristeza, en su estado más grave, incluso, ataques de pánico). La frecuencia e intensidad de la afección dependerá de cada individuo.

 "Como vea uno las cosas y como las maneje, marca la diferencia en el nivel de estrés que uno experimentará" (Kabat-Zinn)

La práctica de Mindfulness actúa sobre estos modos de percepción y sobre los patrones de reacción asociados. Esta práctica permite descubrir, a través de una observación atenta y comprometida, dichos patrones y  modos de reacción que por lo general se asocian a un estado de estrés crónico y de desequilibrio.

Mediante la atención plena podemos valorar las ideas, sensaciones y amenazas percibidas con conciencia y relajación, utilizando estratégias enfocadas a la emoción y al problema, contemplando nuevas opciones. De esta manera se logra una recuperación más rápida del equilibrio mental y de la homeostásis.

"Si conseguimos cambiar el modo de ver las cosas, podemos cambiar la manera de responder al entorno" (Kabat-Zinn)

 

 

 

 

  

  

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